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UNA POLÍTICA ENERGÉTICA SOSTENIBLE PARA EUROPA

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UNA POLÍTICA ENERGÉTICA SOSTENIBLE PARA EUROPA

Los Verdes en el Parlamento Europeo

Marzo de 2006

La Declaración de Viena El cambio climático, la escasez de petróleo y gas y la amenaza nuclear (debido a una proliferación cada vez mayor) han constituido preocupaciones importantes durante más de una década, pero los precios de la energía en aumento y los temores acerca de la seguridad del suministro energético han situado la cuestión de la energía en el centro del temario político y de los medios de comunicación.

El 8 de marzo de 2006, la Comisión Europea debe adoptar un Libro Verde sobre una política energética segura, competitiva y sostenible para Europa. A continuación, la cuestión se debatirá en una reunión especial del Consejo de Energía el 14 de marzo antes de convertirse en uno de los puntos del orden del día de la Cumbre de primavera que se celebrará el 23 y 24 de marzo de 2006. Se espera que la Cumbre suponga el primer paso de la adopción de una nueva política energética para Europa. En este contexto, el Grupo de los Verdes/ALE del Parlamento Europeo propone las siguientes prioridades para las futuras acciones: 1. Seguridad del suministro: reducción de la dependencia mundial del petróleo Para 2030, se prevé que la Unión Europea tenga que importar el 94 % del petróleo que consume, en comparación con el 70 % actual. Este cambio se debe al aumento de la demanda prevista y a la disminución de la producción interna. También la seguridad del suministro se encuentra amenazada, porque el 30 % de la demanda total de petróleo procede de una única región, Próximo Oriente, donde Arabia Saudí suministra casi la mitad de ese total. La potencial inestabilidad política de muchos de los países productores de petróleo y el aumento de la demanda de las economías emergentes indican que los recursos petroleros se convertirán en un bien cada vez más escaso, lo que conducirá rápidamente a un aumento aún mayor de los precios. El abandono de la dependencia del petróleo debe convertirse sin demora en una política clave para la UE. 2. No se debería sobrestimar el impacto de la UE sobre el mercado energético mundial

La UE debe expresarse de forma unánime fuera de las fronteras europeas para garantizar que está a la altura de la bien organizada política energética exterior de los EE.UU. y de los esfuerzos diplomáticos realizados por China o la India. Ello requerirá no sólo una mejor coordinación entre la Comisión y los Gobiernos de los Estados miembros, sino también la participación de todos los demás actores europeos relevantes, especialmente las ONG, los parlamentos y el sector industrial para que las decisiones reflejen la realidad del mundo en que vivimos.

Sin embargo, no se debería sobrestimar el impacto de los esfuerzos diplomáticos exclusivamente orientados al suministro sobre el precio de la energía. Por el contrario, contribuir a establecer unos niveles de eficiencia mundiales en relación con bienes como los vehículos y los aparatos eléctricos o electrónicos, así como invertir en empresas conjuntas con este fin (por ejemplo, la modernización de los edificios rusos o ucranianos), será más adecuado para reducir la volatilidad del petróleo y el gas que cualquiera de las medidas aplicadas exclusivamente en relación con el suministro energético. Centrar nuestra atención en aquellos ámbitos en los que Europa es líder tanto en términos políticos como tecnológicos, como el transporte urbano, la eficiencia energética y las energías renovables, permitirá obtener mejores resultados no sólo en relación con el clima mundial, sino también en el sector empresarial europeo. 3. La política de transporte está ligada a la política energética

En 2005, el 96 % de toda la energía empleada en el sector del transporte en la UE procedía del petróleo. Este dato contrasta de forma evidente con el existente durante la crisis del petróleo de la década de 1970, cuando el petróleo se utilizaba también de forma significativa para la producción de electricidad y calefacción. Por consiguiente, la eliminación rápida de la dependencia del petróleo es hoy mucho más difícil que hace 30 años.

La política energética está estrechamente ligada a la política e transporte. Resulta imposible tratar de abordar actualmente los problemas energéticos sin considerar el transporte. En consecuencia, la Comisión debe comenzar con urgencia el proceso de desarrollo de un plan maestro para reducir el uso el petróleo mediante:

• el aumento de los niveles de eficiencia, especialmente de los turismos y los camiones;

• el establecimiento de asociaciones con las ciudades más grandes de Europa para desarrollar cadenas de movilidad sostenibles y sistemas de transporte público;

• la elaboración de una política comunitaria sobre un único sistema de ferrocarril y la mejora de las conexiones ferroviarias;

• la garantía de una justa competencia de todos los modos de transporte mediante la internalización de los respectivos costes externos sociales y medioambientales, comenzando con el transporte por carretera y aéreo;

 • un mayor uso de ciertos biocombustibles respetuosos del medio ambiente y del entorno social y el clima, así como de sistemas eléctricos y pilas de combustible, sobre la base de las energías renovables y

• el establecimiento de un impuesto sobre beneficios extraordinarios para las grandes compañías petroleras.

4. Competitividad: el mercado interior de la electricidad y el gas, una mala asignación de recursos por valor de miles de millones de euros La estrategia de Lisboa se concibió para aumentar la competitividad de la economía de la UE. El reciente aumento del precio de la energía podría socavar este proceso si no se adoptan medidas. Los consumidores europeos están pagando un precio más elevado por la energía debido en parte al aumento de los precios en los mercados mundiales. Pero hay también otros factores causantes del aumento de los precios al consumo, como los siguientes:

• El aumento significativo de los beneficios de las grandes compañías energéticas: su dominio del mercado les permite fijar unos precios mucho más elevados que sus precios de producción. Se calcula que los beneficios acumulados en 2005 y 2006 por las mayores compañías eléctricas sólo en Alemania y Francia superarán los 20 000 millones de euros.

• En 2005 se implantó el régimen de comercio de derechos de emisión de gases. Aunque a la mayoría de las compañías eléctricas se les concedieron derechos de emisión de CO2 gratuitos, los precios de los intercambios de electricidad han aumentado entre 5 y 8 euros por MWh. Tales aumentos se han «justificado» aduciendo la internalización de los costes relativos al CO2 en los precios de los intercambios energéticos, lo que ha permitido a un puñado de compañías eléctricas amasar enormes beneficios en detrimento del conjunto de la sociedad. Los aumentos de los beneficios extraordinarios y de otro tipo de las compañías eléctricas han favorecido el rápido aumento de los proyectos de fusiones y adquisiciones, como E.on-Endesa o Suez-Gas de France. Esta concentración del mercado aumenta el poder económico y político de las grandes compañías y reduce la competitividad y la innovación tecnológica. Todos los instrumentos de mercado, como el comercio de CO2, los certificados verdes o los certificados blancos, no funcionarán de forma satisfactoria mientras existan intereses creados importantes en el sector de la electricidad y el gas que forma la base de tal mercado. A la luz de todo lo expuesto, se deberían dar una serie de pasos:

• Establecimiento de un impuesto sobre beneficios extraordinarios para las empresas de servicios públicos y reinversión de los ingresos así obtenidos para compensar a los consumidores más afectados por las imperfecciones del mercado y para fomentar la creación de un nuevo mercado más eficiente, idealmente compuesto por energías renovables y eficientes.

• Armonización de las normas comunitarias sobre fusiones y adquisiciones para impedir la concentración del mercado.

• Un tercer paquete de legislación para el sector de la energía con vistas a volver a regular el mercado y resolver cuestiones pendientes como la plena liberalización, el acceso al almacenamiento y la segregación de los fondos asignados a la retirada de servicio de instalaciones nucleares.

• El refuerzo del régimen de comercio de derechos de emisión de gases y la garantía de que los diferentes planes nacionales de asignación conducen a una reducción de las emisiones de CO2 significativas del sector de la electricidad a corto plazo y no incentivan la producción de electricidad a partir del carbón. En este sentido, en la segunda fase de la aplicación de tal régimen de comercio se deberá introducir la subasta de los derechos de emisión de CO2. 5. Sostenibilidad: establecimiento de una jerarquía basada en las ventajas de las diferentes opciones energéticas

La UE y los Estados miembros deben dar prioridad a las acciones que reportan beneficios a todos los interesados y que no crean riesgos adicionales. Tales acciones incluyen la introducción de cambios en los modos del transporte, la materialización del pleno potencial de la eficiencia y la conservación energéticas, la garantía del aprovechamiento total de las fuentes de energía renovables y los cambios en los hábitos de consumo. Poner al mismo nivel las energías renovables y la energía nuclear no sólo es moral y éticamente inaceptable, sino que también olvida que una y otra tecnologías llevan aparejadas riesgos completamente diferentes. Se debería excluir por completo la energía nuclear.

Los objetivos de una política energética para Europa deberían orientarse, por consiguiente, hacia:

• la eliminación progresiva de la energía nuclear;

• el mantenimiento del aumento de la temperatura del planeta en menos de 2 °C por encima de los niveles preindustriales y

• la prioridad de las soluciones sostenibles.

La energía nuclear es un problema, no una solución

La energía nuclear no es una tecnología extendida en todo el mundo. Actualmente se utiliza en sólo 32 países y satisface únicamente el 6 % del consumo de la energía primaria comercial. Para contribuir de forma significativa a la seguridad del suministro energético y la protección del clima, la energía nuclear debería hacerse extensiva a la mayoría de los países del mundo. Por consiguiente, la energía nuclear no es una solución a los problemas de seguridad del suministro o de protección del clima. Por otra parte, los riesgos sin resolver asociados a la energía nuclear, como los accidentes, la proliferación, el terrorismo, los desechos y la contaminación, hace que tal opción no sea válida por principio.

La energía nuclear se debería eliminar progresivamente debido a su gran peligrosidad y su elevado precio y poder contaminante. Debemos oponernos a los intentos de algunos gobiernos, como los de Francia y el Reino Unido, de reactivar la energía nuclear a escala europea. Ello no sólo menoscabaría cualquier consenso entre los Estados miembros, sino que también minaría la legitimidad de la Comisión, a la que ahora miran muchos europeos con desdeño en lugar de considerarla una institución que fomenta el apoyo de los ciudadanos de Europa al proyecto europeo.

Cambio climático

El año pasado, el Consejo Europeo de primavera volvió a confirmar el objetivo del mantenimiento del aumento de la temperatura del planeta en menos de 2 °C por encima de los niveles preindustriales. Hoy, las decisiones energéticas que se tomen deben contribuir no sólo a cumplir los compromisos contraídos en virtud del Protocolo de Kyoto, sino también a ponernos en el buen camino para lograr reducir las emisiones de gases en mayor medida de lo que se exige con visas a cumplir el objetivo de los 2 °C. Para asegurar que la temperatura se mantiene por debajo de ese límite, la UE debe reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero en al menos un 30 % para 2020 y en un 80 % para 2050. Priorización de las soluciones sostenibles

Cuando se consideran las respuestas a los desafíos señalados (cambio climático, petróleo, energía nuclear y cuestiones geopolíticas) es importante analizar las ventajas y desventajas de las diferentes soluciones. Sobre esta base, se debe conceder prioridad a las estrategias ventajosas para todos que se puedan aplicar rápidamente y que contribuyan al logro de una serie de objetivos políticos diferentes.

Por consiguiente, podemos establecer una clara jerarquía de opciones energéticas:

• La Liga de Campeones

Existen cinco soluciones que no presentan desventajas y que no entrañan riesgos (o muy pocos): - evitación del tráfico y cambio de los modos de transporte (eficiencia del transporte) – eficiencia energética de uso final – energías renovables – eficiencia de la producción energética (Cogen) – cambios en los hábitos de consumo.

• La Segunda División:

Existen otras soluciones que combinan una serie de riesgos y ventajas. Son soluciones de segundo orden y algunas tienen tantas desventajas y riesgos que se deberían excluir de cualquier hipótesis de trabajo u opción política: - gas – carbón. 6. Una nueva política energética para que Europa se convierta en la economía con la mayor eficiencia energética del mundo para 2020 La eficiencia energética ya está ahorrando más energía que ninguna opción relacionada con el suministro energético, aunque aún quede mucho por hacer, especialmente en los siguientes sectores:

Transporte: sin un cambio sustancial de los patrones de utilización del transporte en el mundo no es posible resolver de forma sostenible los problemas energéticos del planeta. Es necesario crear urgentemente una nueva cultura del transporte en la que se dé una prioridad clara a las soluciones que reducen el impacto medio ambiental.

Electricidad: todavía queda mucho por hacer (tanto en términos tecnológicos como financieros) para mejorar el uso final de la electricidad (mediante el establecimiento de niveles mínimos, el etiquetado o la aplicación de conceptos financieros modernos como el de financiación por terceros) y el escaso nivel actual de la eficiencia de la producción de electricidad a partir de combustibles fósiles. Las centrales térmicas funcionan con un nivel de eficiencia de un 35 %, mientras que las modernas centrales eléctricas de gas lo hacen con un nivel del 60 %, más ulteriores ganancias si se aprovecha el calor desprendido.

Inmuebles: los edificios utilizan el 40 % de la energía de la UE. Una rehabilitación acelerada de los edificios existentes y el uso de tecnologías modernas para los nuevos proyectos de construcción pueden reducir enormemente la cantidad de energía utilizada para la calefacción y la refrigeración de los edificios. Si esta política se combina con la modernización y la ampliación de los sistemas de calefacción urbanos y las energías renovables, no sólo se puede lograr reducir los niveles de emisión de CO2 y los costes energéticos, sino que se podría utilizar una mayor cantidad de gas en el mercado eléctrico europeo.

7. El siglo de las energías renovables: garantizar la utilización de una amplia gama de energías renovables La experiencia demuestra que las nuevas tecnologías a menudson caras cuando se introducen por primera vez, pero su coste disminuye a medida que aumenta la producción acumulada. Una regla general que se puede aplicar a las tecnologías relativas a las energías renovables es que el coste por unidad eléctrica disminuye aproximadamente en un 20 % cada vez que se duplica la producción acumulada. La experiencia adquirida en Europa ha demostrado que se han reducido a la mitad los costes de la energía eólica en los últimos 15 años. Existen tres sectores principales en los que se desarrollan las energías renovables:

• La calefacción y refrigeración: es necesario fijar urgentemente unos objetivos del 25 % para toda Europa para 2020.


• Electricidad: se puede lograr un aumento de laproducción eléctrica especialmente aprovechando el enorme potencial del viento del Mar del Norte y las posibilidades que ofrece la biomasa. También es necesario investigar en relación con la obtención de energía de las olas, las mareas y la energía térmica solar y fotovoltáica.

• Carburantes para el transporte: se pueden aprovechas algunas de las posibilidades que ofrecen, pero es necesario considerar el equilibrio energético global y el cambio climático y sus repercusiones sobre unos métodos agrícolas sostenibles.

Es necesario adoptar otras medidas para garantizar el cumplimiento del objetivo del 25 % de energías renovables para 2020, fundamental para la confianza de los inversores, y para acelerar el uso de la calefacción y la electricidad combinadas, sobre todo en las plantas industriales. Por otra parte, las soluciones que ofrece la energía renovable tienen la ventaja añadida de contar con una amplia aprobación de los ciudadanos, tal como subrayaban los recientes resultados del Eurobarómetro de 2006 sobre la energía.

8. Un nuevo enfoque: una asociación para una nueva cultura de la energía y el transporte

Si la UE desea realmente abordar los desafíos señalados de forma sostenible, es necesario adoptar un enfoque completamente nuevo. Se debe lograr la transformación de una política centralizada orientada a la obtención de beneficios a corto plazo y en manos de las élites en una política cuyos objetivos sean la participación democrática y la sostenibilidad. Como estas últimas semanas han demostrado, una política comunitaria coherente no puede ser sólo una combinación de políticas nacionales. Es necesario poner en práctica las siguientes asociaciones: • Una asociación mundial para lograr la eficiencia energética y del transporte y el desarrollo de las energías sostenibles.

• Una asociación a escala europea y nacional, incluida una mejor coordinación entre la Agencia europea de energía inteligente y las agencias nacionales de energía.

• Una asociación a escala regional y local. Mientras que la mayor parte del marco político se elabora a escala europea y nacional, la mayoría de las decisiones y la inversión se producen a escala regional y local.


• Una asociación con las grandes ciudades europeas. Especialmente en el área de las políticas de transporte, se producirán pocos cambios si las grandes ciudades no se asocian unas con otras a escala europea para lograr unas ciudades más verdes.

• Una asociación con las empresas progresistas. Se puede lograr una mayor eficiencia y economías de escala mediante la cooperación a escala europea.

• Una asociación con los ciudadanos. En última instancia, también es necesario un nuevo enfoque cultural en relación con los cambios energéticos y en materia de transporte.

El Eurobarómetro ha demostrado que los ciudadanos ya están preparados para este cambio. Lapromoción de la energía nuclear no es el camino por el que la UE va a ganar los corazones y las voluntades de los europeos y la sociedad civil.

 


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