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EL DIPUTADO VERDE Y EL PROYECTO GRAN SIMIO

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PROYECTO GRAN SIMIO: AMPLIAR LOS LÍMITES DE LA COMUNIDAD MORAL

Los Grandes simios (chimpancé, gorila, orangután, bonobo) son homínidos y miembros de la misma familia de la que forma parte la especie humana. Comparten con nosotros más del 98% del genoma y unas características neurocognitivas, culturales y conductuales muy parecidas. Son capaces de aprender, comunicar y transmitir lenguajes como el de los sordomudos y tienen conciencia reflexiva de si mismos, relaciones de parentesco, identidad propia y reconocimiento de la alteridad del otro. FRANCISCO GARRIDO. DIPUTADO EN EL CONGRESO Y PORTAVOZ CONFEDERAL DE LOS VERDES Pues, estos seres que están muy cerca de lo humano han sido considerados - o mejor dicho, desconsiderados -, hasta ahora, como meros objetos, juguetes o cosas ajenas a toda semejanza. Los grandes simios han sido torturados, maltratados, esclavizados y asesinados. Los hábitat (los bosques y selvas primarios) donde viven están siendo aniquilados y, según Naciones Unidas, se encuentran en un serio peligro de extinción. Por eso, surge Gran Simio y la Proposición no de Ley que hemos registrado en el Congreso. Perseguimos tres objetivos: evitar la desaparición de estas especies, conservando sus hábitat naturales. Prohibir la tortura, muerte o maltrato de los mismos. Y, finalmente, prohibir la esclavitud de los grandes simios, reconociendo un cierto principio de autonomía que debe ser respetado. Vida, dignidad, integridad y libertad: estos son los derechos que queremos para los grandes simios. Algunas voces se han alzado diciendo que no se pueden conceder derechos humanos a los simios; que los hombres (sólo los hombres?) deben estar primero o que el esfuerzo debe dirigirse a los problemas humanos. Esto, por no conmutar las descargas clericales sobre la dignidad de la persona. Trataré de responder, brevemente, a cada una de estas objeciones. (a) No se pueden conceder derechos humanos a animales.

Todos los seres humanos son animales. No hay ningún ser humano que no sea animal. Es más, todo ser humano que no fuera animal sería, sencillamente, inhumano. Todos los derechos son humanos, ya que no hay ningún derecho que no sea humano, pues el derecho es una invención cultural (un meme) humano. Veamos en que consiste un derecho: es el reconocimiento ético, jurídico y político de un bien o facultad que debe ser protegida por el Estado y la Comunidad. Esto implica que no hay ningún derecho que se conceda a un animal que no sea humano. El verdadero problema no reside en si se conceden o no derecho humanos a los animales, sino cuáles son esos derechos y a qué tipo de animales se les otorgan. Y es aquí donde planteamos que los grandes simios, que tienen conductas e instituciones sociales protomorales y protojurídicas, deben de gozar de tres derechos básicos como son la vida, la dignidad e integridad y la libertad. En la historia del derecho, se han reconocido derechos a muchas ! entidades no humanas (figuras o entidades míticas o religiosas). Las entidades colectivas tampoco son humanas. Este es el caso de las naciones, las etnias, el género. Por ejemplo, pongamos España (léase Cataluña o Andalucía): no reúnen ninguna de las propiedades de los humanos. No tienen cuerpo ni forma humana; no hablan, no tienen cerebro ni sistema nervioso central. Las naciones, pues, son menos humanas que los grandes simios. Pero, sin embargo, a España - o a Cataluña, o a Andalucía - sí se le reconocen derechos nacionales o derechos históricos, cuando son menos humanos que un chimpancé o un bonobo.

(b) Primero los hombres… ¿Y las mujeres, no son primero también? El intento de construir una jerarquización excluyente entre los seres vivos no sólo conlleva la separación radical entre animales y humanos, sino también la fragmentación excluyente entre los mismos seres humanos, por razón de género, etnia, clase social o discapacidad. ¿Por qué contraponer esta extensión de algunos derechos básicos, más allá de la frontera de la humanidad, a la preservación de estos mismos derechos, dentro de la especie humana? Lo que la conciencia y la ética ecológica nos dicen es exactamente lo contrario, que es la cooperación de la biodiversidad de especies lo que hace posible que la vida y, en concreto, la vida de nuestra especie exista . La lógica de la exclusión y la oposición entre especies es la que conduce a la crisis ecológica y a la puesta en peligro de nuestra propia subsistencia como individuos humanos… No hay ninguna contradicción entre los intereses de subsistencia de las especies entre si, sólo entre i! ndividuos de algunas especies. Por tanto, no es necesario elaborar una escala de la exclusión. La conservación de los bosques primarios, donde viven los grandes simios, es fundamental en la lucha contra el cambio climático y en la preservación de la biodiversidad y bioproductividad. Conservando estos bosques, se conserva el futuro de los grandes simios, pero también el de la humanidad.

(c) El esfuerzo debe dirigirse a las personas humanas.
No hay esfuerzos parciales, pues existe una profunda interconexión en las tramas de la vida. Los mismos intereses que destruyen las selvas y a los bonobos son los que fuerzan la emigración y explotación humana. En esto consiste la visión de una izquierda contemporánea y ecológica: no en separar, sino en analizar y actuar sobre la interdependencia. Hay que alejarse, si queremos transformar la realidad de la balcanización ideológica y política de los movimientos sociales y las prácticas emancipatorias. ¿En qué daña, el reconocimiento de estos derechos, a los grandes simios, las luchas contra la pobreza, la marginación social o la Guevara? Todo lo contrario, se trata de luchas y de objetivos complementarios. La gran diferencia que introduce el reconocimiento de esto derechos, con respecto a la lucha común por los derechos humanos es que amplía nuestra comunidad moral y genera una nueva fraternidad. Cuando una persona es torturada, todos tenemos claro que se están violando sus derechos pero, y cuándo es torturado un bonobo, ¿también?. La introducción de los seres vivos y, en especial, de los grandes simios en la comunidad moral de los derechos supone un paso más civilizatorio, en la tendencia a la expansión del núcleo original de los derechos. Muchos se han reído de esta propuesta, pero también muchos se rieron de los abolicionistas de la esclavitud, de las sufragistas feministas o de los propios ecologistas. Veremos quién ríe el último…

 

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