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Contaminación crónica en la población canaria.

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Los viejos pesticidas agrícolas dejan residuos que aún perviven en las aguas y la cadena alimenticia

CARMEN SANTANA La contaminación química no se ve pero la inhalan e ingieren los humanos, a través de la atmósfera y los alimentos y puede ser un factor de riesgo en la aparición de algunas enfermedades, entre ellas diversos tipos de cáncer.

El grupo de investigación en Medio Ambiente y Salud de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) viene trabajando desde hace una década en definir el perfil de contaminación química presente en la población del Archipiélago y, en los últimos años, también en la incidencia de determinados agentes químicos, como los pesticidas y otros productos fitosanitarios, en el cáncer de mama y los tumores de vejiga.

"Los pesticidas, prohibidos en España a finales de los años 70, se pueden considerar hoy día

no contaminantes. Después de tantas décadas usándolos en agricultura han pasado al suelo, a las aguas, están en los alimentos y han ido incorporándose al ser humano", explica Luis Domínguez-Boada, médico toxicólogo, profesor de la ULPGC y director del equipo investigador.

El especialista aclara que "quizá lo menos importante es la contaminación por CO2. Cuando se habla de contaminación todo el mundo piensa en la atmósfera. Puede ser más relevante la contaminación química por sustancias que ingerimos con los alimentos. Entre ellas están los pesticidas que se han utilizado a lo largo de décadas".

Desde abrir una lata de conserva a beber agua en una botella de plástico o freír un huevo en una sartén antiadherente, las moléculas con presencia de distintos compuestos químicos están contaminando de alguna forma lo que entra en nuestro organismo.

Los científicos de la ULPGC han pasado la última década estudiando diferentes tipos de contaminantes, un trabajo a largo plazo cuyos resultados definitivos se publicarán después del verano, según Domínguez-Boada. "Con ellos se completa el perfil de contaminantes químicos de las Islas".

ALTOS. A la espera de su publicación, el investigador de la ULPGC señala que "en Canarias hay ciertos grupos de pesticidas (del grupo del DDT y del grupo del dieldrín), que se encuentran en la población en niveles más altos de los que debían registrarse en el mundo desarrollado". Pese a que ya no se utilizan, sí se emplean en Asia y Latinoamérica. "Como vivimos en un mundo global, en el que los alimentos no se consumen donde se producen, pues está claro que la dieta diaria de un canario incluye muchísimos no producidos en Canarias".

No obstante, no hay grandes diferencias entre las Islas y el resto del mundo desarrollado. "Sí hay disparidad en compuestos químicos concretos, pero no hay grandes diferencias. Quizá lo más preocupante de nuestro trabajo, y lo que sí llama la atención en la población canaria, es que incluso los jóvenes tienen niveles igual de altos que las personas mayores. Se trata de productos muy persistentes en el medio ambiente, que se prohibieron hace décadas. Lo normal es que las personas más viejas, de más edad, tengan mayor nivel que los jóvenes", explica Domínguez-Boada.

"La única explicación es la de los hábitos dietéticos que hemos ido adquiriendo a lo largo de los años. La dieta se basa en alimentos que no proceden del territorio en el que uno vive sino de otros en donde esos pesticidas se siguen empleando sin control".

Con todo, y con independencia del lugar en el que se viva, más o menos depredado por el hombre, la contaminación es universal. "Todo el planeta lo está. Unas zonas más que otras".

 

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